Lunes, 13 Julio 2020 16:42

Cátedra de la Sede Crespo realiza un relevamiento del sector agroecológico

Estudiantes y cuerpo docente de la cátedra Comunicación de la Licenciatura en Administración de Empresas (Sede Crespo) de la FCG, llevan adelante un relevamiento del sector agroecológico en la provincia. Marcelo Mangiante es el profesor de la cátedra y el encargado de este proyecto que analiza, a través de encuestas y entrevistas a personas vinculadas con esta actividad, el estado actual de la agroecología y sus perspectivas.

El estudio surgió de la curiosidad compartida entre el docente y los alumnos, tal como lo explicó el Prof. Mangiante: "Llevaba cinco o seis años promoviendo que los estudiantes de la cátedra Comunicación investigaran sobre buenas y malas prácticas productivas en sus localidades y elaboraran folletos para informar a la población, alentar las prácticas adecuadas y alertar sobre las indeseables. Eran buenas producciones pero no llegaban a imprimirse ni distribuirse; en todo caso quedaba en el estudiantado el desarrollo de una habilidad para producir ese tipo de material comunicativo y quizás una cierta preocupación por temas de cuidado ambiental y similares".

Luego, agregó: "Por otro lado, una manera que en mi experiencia ha resultado bastante efectiva para corregir fallos y promover habilidades en la comunicación escrita de mis estudiantes ha sido instarlos a escribir, siempre escribir. Y este año, la pandemia y el distanciamiento supusieron un crecimiento exponencial de los mensajes escritos, de ellos y míos. La materia –cosa que nunca había pasado− cumplió, sobre todo las primeras semanas, una función catártica inesperada: en los trabajos prácticos los alumnos canalizaban su angustia; relataban la incertidumbre, por ejemplo, de trabajar en una empresa que de un día para el otro pierde el 92 % de su facturación, o de familias que debieron sacar un crédito importante para modernizar el equipamiento de la empresa familiar y no pueden generar ingresos para pagar la deuda, y más casos así... Hubo un momento en que las preguntas mismas que ellos se planteaban en los trabajos sobre cómo salir adelante me llevó a proponer la lectura de una entrevista a Eduardo Cerdá, ingeniero agrónomo de La Plata y reconocido impulsor de la agroecología, y eso provocó una suerte de clic colectivo".

En cuanto al desarrollo del trabajo, Marcelo Mangiante explicó: "A partir de allí no se generó una exasperación a la crítica de un modelo productivo, sino que se produjo un cambio de enfoque. Fue un poco osado de mi parte pedirles que entrevisten-encuesten a protagonistas del ámbito agroecológico; porque si bien yo intervine mucho en la confección de las preguntas, los aconsejé y demás, ellos no son periodistas ni encuestadores. Pero obtuvieron testimonios valiosísimos. Mi hipótesis es que eso pasó porque ellos ya están pensando con otra cabeza, buscando interlocutores que no son aquellos que producen de forma nociva. La curiosidad que a ellos les suscitó la actividad generó unas 20 entrevistas-encuestas, que representan en total entre 50 y 55 páginas. Son encuestas porque hay un núcleo básico de cinco preguntas que se les hicieron a todos los participantes, lo que permite leer tendencias en el sector. Y son entrevistas porque de cada emprendimiento o persona a cargo del mismo se buscó información previamente y se le hicieron preguntas particulares en función de recabar sus peculiaridades", describió.

"Lo que se nota leyendo el conjunto de entrevistas es que este sector de la economía social no sólo va a sobrevivir a la parálisis que impone la pandemia sino que va a salir fortalecido; ningún emprendimiento agroecológico se va a fundir. Todos han tenido y van a tener dificultades, eso sí. Por un lado están las huertas abocadas al autoabastecimiento de frutas y verduras para unas pocas familias que no comercian sus productos y que sus problemas se circunscribieron a no conseguir o a que se demoraran sus insumos. Y por otro, en aquellos que producen para vender -salvo excepciones donde hasta han incrementado ventas- en general constatás que las trabas para circular derivadas de la emergencia sanitaria los afectaron negativamente; de todos modos, la demanda de alimentos sanos y de otros productos con nulo impacto ambiental ya creció enormemente y el terreno perdido en estos meses, lo van a recuperar con creces. Otro dato importante: este es un sector que no tiene deudas porque hay un cierto isomorfismo entre la forma orgánica, natural, sin forzar la marcha que se emplea para producir y lo que podríamos llamar una concepción orgánica también de cómo se administra una empresa de este tipo: sin quemar etapas, sin inyección de fondos, creciendo a partir de lo que se genera", enfatizó Mangiante.

Encontrándose en la etapa preliminar de análisis de los resultados, el docente recalcó que es necesario estudiar más a este sector que posee un "fenomenal y silencioso desarrollo". En este sentido, detalló: "Según datos del INTA había en 2013 en la ciudad de Buenos Aires 60.000 huertas familiares, comunitarias o escolares que empleaban a 400.000 personas. Hoy deben ser el doble. Pero aún si nos quedamos con que son 400.000 personas, eso ya es casi un 15 % de la población porteña. Es un fenómeno invisible. Uno no imagina que hay tanta gente en eso porque la televisión muestra avenidas, obeliscos, 70 balcones y ninguna flor. Pienso que los millones de argentinos que cuando vuelva el calorcito de la primavera van a ir a sembrar sus semillas en el patio sin hacer ruido van a estar pensando en que su familia pueda comer más sano, sabroso y barato y no van a pensar que están transformando un modelo de producción. Que no haya discurso social para estas prácticas, nuevas y antiguas a la vez, genera algunos malentendidos. Por ejemplo: Tres alumnos me escribieron que ya están armando sus huertas. Ellos contraponían la agricultura ecológica, de un lado, y la agricultura tradicional, del otro. ¿Cómo va a ser tradicional la otra? Tradicional es la que se ha hecho durante diez o doce mil años y que está resurgiendo, no la de los últimos 30 años. Hasta que no creemos de nuevo un discurso social con lugar para la agroecología, seguiremos viviendo, cada uno, nuestra recuperación de un vínculo más sano con la tierra y con la vida como una forma de desconexión estrictamente privada y seguiremos teniendo muy pocas políticas, leyes o programas de incentivo para el sector".

A modo de cierre, Mangiante manifestó: "Aprovecho el espacio para comentar que me parecería deseable que la Editorial de la UADER se interesara por publicar un libro con esta investigación, ya que si tuviéramos un espacio como el de un libro que condense y sistematice estos saberes que por ahora son anotaciones, reflexiones, primeras aproximaciones, produciríamos una publicación útil, que mapearía quiénes son estos sujetos, cuántos son, dónde están, cómo son. Como universidad contribuiríamos, por un lado, a que entre ellos se conozcan más, establezcan mejores redes, crezcan sinérgicamente, y por otro, a que desde el Estado, conociendo mejor al sector, puedan delinearse políticas más adecuadas para el fomento de la agroecología y todo lo que su desarrollo implica en términos de soberanía alimentaria, generación de trabajo de calidad, salud pública y otros asuntos no menores".

Conclusiones preliminares
A lo largo de este trabajo de cátedra se encuestaron a diferentes protagonistas del campo de estudio. Desde allí, se obtuvieron referencias sobre el impacto de la pandemia de coronavirus en productores y comerciantes de la agroecología. Como explicó Mangiante, vale remarcar que se entiende por "Agroecología", a la acción de cultivar y cosechar alimentos sin la utilización de agroquímicos, valiéndose durante todo el proceso de productos ecológicos.

Dentro de las conclusiones preliminares, se destacan algunos resultados positivos aún ante el escenario actual. A diferencia de lo ocurrido con otras esferas, incluída la de la producción general, en el ámbito de la disminución del impacto ambiental, el comercio justo y la producción saludable (pilares de la agroecología y la economía sustentable), existe un optimismo moderado de cara al futuro.

Según cuentan tramos del estudio, los productores y las productoras de agroecología son reacios a contraer deudas, ya que del mismo modo que respetan el tiempo natural de crecimiento de un cultivo, prefieren no apurar el desarrollo sus emprendimientos con fondos no generados por la dinámica de su propia producción. De esta manera, la crisis los ha sorprendido con las cuentas saneadas.

Si bien cada cual tiene su experiencia particular y hubo algunas dificultades a la hora de conseguir insumos, en diversos grupos agroecologistas la pandemia permitió también una mejor coordinación, distribución de roles y mayor cuidado. A su vez, nuevas personas se sumaron a la adquisición de estos productos. En contrapartida, la baja en la afluencia de turistas, como la ausencia de ferias y reuniones perjudicó las ventas en algunos establecimientos de la provincia.

En otro tramo del informe, ante la pregunta sobre las secuelas que dejará el Covid-19, el panorama es compartido por gran parte de los encuestados. En este caso, opinan que aumentará el número de interesados en la producción y el consumo de productos ecológicos, a partir de una mayor conciencia colectiva. En algunos casos, reiteraron que ese incremento ya es palpable. Además, esperan que la población pueda reconocer los daños al ambiente y la importancia de la alimentación saludable, la compra en mercados de cercanía y la descentralización de las grandes urbes.

Foto: Ilustrativa.

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